HORACIO GUARANY
Cultura

Leo Genovese: “Los que creen que el jazz o el tango son músicas de museo es porque quieren que estén allí”

Como todos los años, cada vez que el calendario descuelga sus últimas páginas, Leo Genovese, el pianista argentino radicado en Nueva York, el que graba y toca con los mejores músicos de jazz del mundo; regresa presuroso a respirar los aires de su Venado Tuerto natal. “Para mí —dice—, más allá de la fecha, el año comienza y termina acá, siempre acá”.

Genovese tuvo un 2022 de intenso trabajo. De impulsar sus propios grupos y colaborar en los de otros colegas. De grabaciones como líder y sideman y de compartir escenarios con un puñado de músicos que integran la historia grande del género, como Joe Lovano, Herbie Hancock, Jack DeJohnette, George Garzone, David Liebman y Wayne Shorter, con quien acaba de editar Live at the Detroit Jazz Festival, la grabación de un concierto de 2017 junto a Esperanza Spalding y Terri Lyne Carrington.

Ahora, próximo a regresar al escenario del porteño Bebop para dos shows el 27 diciembre con el Trio sin Tiempo, que integra junto a Mariano Otero y Sergio Verdinelli, el pianista no duda en asegurar que quien disfruta de los solos de saxo de Shorter como de la poesía de Residente, el ex Calle13 con el que también tocó; “comulgan en un mismo sentimiento por la música como un arte sublime”.

—En los últimos años editaste tres discos: Sin tiempo en el 2020, Piano tuerto en el 21 y Ritual en este calendario, algo poco usual en vos. ¿A qué se debe esa continuidad?

—Siempre estoy grabando. Pero a veces son grupos de amigos en los que participo, pero no estoy al frente. Proyectos más colectivos que, si bien yo no lidero, también los siento parte de mí. Porque puse mi corazón en eso. Y ahora, no sé si como consecuencia de la pandemia o qué, estos tres discos más personales, como decís, salieron en un tiempo muy corto. Son rachas. Pero la verdad es que tengo mucha música archivada en un cajón. Algunas veces estoy conforme con que ese cajón permanezca cerrado y otras, al tocar con otra gente y otros proyectos, me inspiran y me aportan mucho. Entonces el cajón se va llenando y de a poco los materiales van pujando por salir. Elijen algún arreglo, alguna formación, alguna orquestación y entonces si cuadra, ven la luz del día.

—Aunque suene paradójico, el cambio es algo permanente en tu carrera. Eso hace que ninguno de tus discos sea parecido al anterior.

—Pero no los hago pensando en eso. Yo me identifico con lo que en Estados Unidos llaman una “monkey brain”. La mente de un mono que no puede poner el foco en una sola cosa por mucho tiempo. Creo que es una definición que me cabe perfectamente.

—¿Y esa idea cuenta también cuando participás del proyecto de otro?

—Definitivamente. Cuando me invitan a ser parte de un equipo, un proyecto o un disco y veo que están esos factores a flor de piel, el sí se hace mucho más fácil.

—Pero también tocás con músicos enrolados en lo que hoy podría llamarse “la tradición”: Joe Lovano, Jack DeJohnette, Wayne Shorter, incluso Dave Liebman. ¿Cómo incluís allí esta faceta tuya de riesgo y búsqueda?

—También está. Pero dejame decirte algo antes. Esos seres que mencionás no están enrolados en la tradición. Ellos son la tradición. Pero son una tradición de cambio constante. Y yo estoy aprendiendo eso de primera mano. Porque además ellos son los primeros en regalarte una sonrisa o descolgarse con un Yeaaah efusivo cuando escuchan una locura que viene de tu instrumento. Ellos son un constante “si se puede”. Son los pilares de esta música y son los primeros que aceptan los desafíos.

—Este año salió un disco de Shorter registrado en vivo en el Festival de Jazz de Detroit 2017. Estás allí junto a Esperanza Spalding y Terri Lyne Carrington. Creo que debés ser el primer argentino que toca en un disco del saxofonista. ¿Cómo surgió esa posibilidad?

—Era solo un show. No sabíamos que lo iba a grabar la NPR, la radio pública nacional de los Estados Unidos. Y tampoco estaba contemplado que fuera un disco. Esa posibilidad surgió recién el año pasado y fue una alegría. Originalmente era Geri Allen quien iba a tocar piano y yo sintetizadores. Pero lamentablemente Geri falleció poco antes del concierto y me pidieron que tocara el piano. Para mi es genial que exista ese documento. Más que nada por la oportunidad de escuchar a Wayne en otro disco en vivo. Además, tocando el tenor, que es un instrumento que utiliza cada vez menos.

—¿Qué recuerdo atesorás de aquello?

—Recuerdo que habíamos ensayando muy poco el día anterior, pero que el concierto tuvo mucha energía. Era cuestión de volar y la música se fue desatando sola. Con mucha improvisación y mucha búsqueda. En la primera balada, Someplace called “Where”, Wayne nos dijo algo asi como “vamos a tocarla lo más lento posible y hacer que las borderlines (las líneas que dividen los compases) y el tiempo desaparezcan”. Y eso me pareció genial. Estábamos en Detroit, la cuna del Groove, del Motown. Y eso fue algo asi como “no le demos lo que esperan escuchar. Desarrollemos nuestra propia historia”. No volví a escuchar el disco desde que salió. Pero sigue siendo una alegría enorme haber participado en él.

—Esta gente que mencionamos puede seleccionar el pianista que quiera, pero te eligen a vos. ¿Qué pensás que buscan sumándote a sus proyectos?

—Un poco de locura quizás (risas). Mirá…muchas veces sucede que tengo que adaptarme al contexto cuando soy convocado a ciertos proyectos. Pero cuando me abren las gateras, como en estos casos, estoy completamente “chapa”. Me gusta lanzarme a lo desconocido sin miedo. Sin miedo a perderme. Sin miedo a pifiarle. Sin miedo a arriesgar o quedar mal. Creo que por ahí pasa la cosa. Por ahí pasa mi “locura”. Que por suerte se puede curar con música.

—¿Tenés una relación de amistad con estos grandes músicos o está solo limitada a lo profesional?

—Por suerte pude considerarme un amigo de ellos. Y tengo la chance de poder llamarlos por teléfono, para hacerles preguntas cuando tengo dudas o necesito su palabra. Y cuando sale la oportunidad de tocar con ellos, es como nutrirse de ese idealismo por la renovación de primera mano.

—Pensaba, qué característica notable tiene el jazz que permite esa búsqueda, esa renovación constante y la mixtura con otras músicas…

—Totalmente. El jazz es una música folclórica que se renueva en cada compás y en cada momento. Y cada uno aporta lo suyo desde su mirada, desde sus gustos, desde su formación. Es una música en constante desarrollo. Y yo pongo a la par de eso a nuestras propias músicas: el folclore y el tango argentinos. Porque estos géneros, como sucedió en el jazz, también nacieron de la mixtura, de la influencia de otros y tienen elementos que han viajado a través de los tiempos.

—¿Qué elementos, por ejemplo?

—Si vos estudiás los cromatismos de las melodías del tango o su belleza melódica, te remontás a la escuela italiana de la música clásica, por ejemplo. Todo combinado con una rítmica muy fuerte que tiene su raíz africana. También nuestro folclore, que es producto de los viajes de los europeos y su mixtura con la riqueza musical del norte de África. Esos aportes estuvieron desde un comienzo. Mirá, este año estuve en Senegal. En la isla de Goree. Allí está La puerta desde donde nunca se vuelve. Millones de personas salieron por allí esclavizadas y nunca volvieron. Todos ellos cargaban con un bagaje cultural riquísimo y quienes sobrevivieron a eso tan terrible, fueron regando nuestro suelo e inspirando generaciones. Y esa riqueza sigue estando.

—¿Pero no persiste acaso la idea de que el folclore o el tango son como piezas de museo? Teniendo en cuenta además que los innovadores en ambos géneros no la tuvieron fácil.

—Pero los que piensan que son músicas de museo es porque quieren que estén allí. No son música de museo. No pertenecen allí. No están embalsamadas. Están vivas. A mí me gusta pensarlas como músicas en evolución. Por eso las quiero, las estudio y las pienso vivas. Pero también me pregunto dónde radica esa renovación. Es solo una pregunta que me ayuda a seguir indagando. A seguir creyendo que nuestras músicas también necesitan del estudio de la tradición para poder seguir renovándose.

Related posts

Lisandro Paz Trío en el CAFF

Editor

Agustín Turdó llega al Teatro Ideal de Venado Tuerto

Editor

Gladys “La Bomba Tucumana” se subió a un escenario y cantó folklore

Editor