HORACIO GUARANY
Campo

Un campo argentino vale hasta 50% menos que otro similar en Uruguay: freno de la demanda y de las operaciones de compraventa

El balance anual del 2022 de la actividad inmobiliaria rural cerrará con un saldo positivo, más allá de los vaivenes políticos y económicos que arrastró el año y que complicaron al desarrollo de la actividad. En el mercado admiten que los precios locales de los campos resultan tentadores, ya que se ubican en un 50% por debajo del valor que se paga por la tierra agropecuaria en Uruguay y cerca de un 70% de precio que se abona por una hectárea en el corazón maicero de los Estados Unidos.

Más allá de los buenos precios que reportan los commodities agrícolas y los cortes vacunos en el mundo, la depreciación que sufren los campos tanto agrícolas como ganaderos en la Argentina está sujeta a la incertidumbre que genera la realidad económica y política por la que atraviesa el país. Hay oportunidades, pero falta interés inversor por las condiciones macroeconómicas, sostienen los especialistas.

El freno que se constata en la compraventa de campos en el orden local se debe a que las inversiones están concentradas principalmente en oferentes locales, ya que “el extranjero tiene ciertas limitaciones para comprar cierta cantidad de hectáreas en la Argentina. Por ejemplo, en la zona núcleo, lo máximo que puede comprar un extranjero por la Ley de Tierras son hasta 1.000 hectáreas o el equivalente en cada provincia. Por eso, está limitada la inversión extranjera. Además, hay que contemplar la inseguridad jurídica, política y económica que presenta la Argentina, con lo cual la actividad inmobiliaria rural depende mucho del inversor local”, dijo José María Bauzá, presidente de la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales (CAIR).

Además, explicó a Infobae que la actividad sectorial presentó en octubre pasado un nivel de 35,36 puntos, cifra que se ubica lejos del máximo histórico que ascendió a 97,5 puntos en septiembre de 2011, durante el presente año aunque con una “tónica de serrucho” logró sostener un crecimiento sostenido de 15 puntos.

El mercado inmobiliario rural al cierre del 2022 presenta valores de campos que resultan atractivos para el inversor, y salvo que se haga mala letra en materia de política económica, entendemos que los 35 puntos que alcanzó el índice de actividad del sector en el décimo mes del año, se presenta como un piso para el comienzo del 2023″, explicó el titular de la CAIR. Pero sin duda, la decisión del Gobierno de intervenir en los mercados de granos y carnes le juega en contra a cualquier apuesta que se haga en materia de compra de tierras productivas.

Al respecto, durante la segunda parte del 2021 la actividad de compra venta de campos agrícolas no paró de caer y solamente se constató un rebote a partir del levantamiento de las restricciones aplicadas por el Gobierno de Alberto Fernández a mediados de febrero del presente año. Tras tocar un pico de 20 puntos en febrero de 2022, luego de las primeras medidas adoptadas por Sergio Massa para calmar la economía, logró un pico por arriba de los 40 puntos. Sin embargo, la falta de decisiones concretas impuso una tónica de serrucho para concluir el año por arriba de los 30 puntos en materia de actividad de las inmobiliarias rurales.

Precios

Para los socios de la Cámara de Inmobiliarias Rurales, el valor de los campos al cierre del 2022 se presenta como “conveniente”, ya que muestran beneficios al comparar su precio contra países de la región o incluso del Hemisferio norte. “Al evaluar la situación que reporta el sector inmobiliario en la zona del Litoral, las mejores tierras entrerrianas pueden pagarse hasta unos 6.000 dólares por hectárea. Así las mejores tierras productivas que tiene Uruguay equivalen a lo que son las mejores tierras productivas de Entre Ríos y la Mesopotamia. Así constatamos que la Argentina está en un 50% del valor que se paga por una hectárea en Uruguay. En lo que respecta a la zona núcleo agrícola local, no hay tierras similares en Uruguay, por ello no se puede comparar”, señaló el titular de la entidad.

Y agregó: “Con características similares, estamos hoy en un 50% por debajo de Uruguay, y en pocos casos en un 60%, teniendo en cuenta que se paga hasta 10.000 dólares por hectárea en Uruguay por campos agrícolas. En otras tierras uruguayas, en campos que no son los mejores, pasan a tener un valor ganadero de entre 3.000 a 6.000 dólares. Todo depende de la zona y la accesibilidad que tenga la infraestructura. Además, en la zona maicera de Estados Unidos la hectárea tiene un valor del orden de los 46.000 o 47.000 dólares, contra un monto de 15.000 dólares que se puede pagar en nuestro país por un campo de características productivas similares”.

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